Categoria EVENTOS
Buenos Aires, 25 de enero de 2008
Muchas gracias por los originales facilitados el otro día de “La sonrisa cortada”, de Gigia Talarico. Si ello cabe como primer elogio de la obra, resalto desde ya el hecho de que leí las 118 páginas de un tirón. Resulta toda una proeza que una novela, o “nouvelle” para el caso, tenga argumento sólido, buen desarrollo, finalice con adecuada resolución narrativa en cambio de epílogo intencionado y en general forzado; y que además esté escrita con correcta semántica, poético lenguaje y buen gusto, es decir que haya sido bien concebida y elaborada con elegancia. Sí, es un proeza y hasta -entiendo- una novedad hoy, cuando los géneros literarios suelen mezclarse para confundir y en muchos casos decepcionar al lector de ficciones, que quiere seguir la trama y no perseguirla a través de los intersticios de algún ensayo de pretensión filosófica o de una pesada tesis ideológica.
“La sonrisa cortada”, así de golpe al igual que la inocencia, cuenta una mutilación que se insinúa sin adelantos desde el mismo título y corresponde, nada menos, que a la partición afectiva de las existencias de los hijos de desaparecidos. Gigia Talarico lo hace de la manera más lineal posible, evitando marear con innecesarias alteraciones de tiempo y espacio y “agitar las aguas para que parezcan profundas”, como sentenció Nietzsche.
Ambos planos de la narración: los recuerdos de la testimoniante Elena -no sé si estrictamente llamarle protagonista, porque el protagonismo se lo lleva la “identidad”, en sospecha primero y en persecución después- y el diario íntimo de Pablo que anuda evocaciones infantiles con la preocupación creciente por el origen, bien se corresponden con la imagen de lo interrumpido y a la vez aquí, de lo misteriosa y milagrosamente hilvanado. Aunque hay pocos sostenes cronológicos hasta llegar al epílogo que firma Arturo, uno de los hermanos de Elena, -a las páginas en bastardilla del diario de Pablo, por ejemplo, las encabezan fechas con días y meses sin referencia a los años de su redacción- se sabe y se entiende de que época concreta se habla. Cuando en la actualidad los periódicos traen noticias constantes sobre la marcha de las investigaciones del Plan Cóndor, es oportuna por orientadora, sin embargo, la nada casual referencia implícita a un dictador, travestidamente democrático.
La idea fuerza de “La sonrisa cortada” no podía tener otro marco mejor que el de una historia familiar. Desde allí se dispara el drama, es decir la acción del engaño y el desengaño; de lo sumergido y lo develado; de lo silenciado y de lo conocido a medias. Y esa historia en presente continuo de hermanos, amigos y confidentes, que sin trampas sustituye a la otra historia de amor deducible en la primera línea: “Nunca pensé que conocer a Pablo traería tantos cambio a mi vida“, en forma paradójica se cierra con el final abierto de una esperanza en la verdad. Claro que como toda verdad está oculta y requiera la tarea de su descubrimiento. En eso andan los jóvenes de esta “nouvelle”. Y también muchos otros del mundo de la vida, como lo comprueba a diario la sociedad y los registros de las Abuelas de Plaza de Mayo. Felizmente.-
Un abrazo y te ruego trasmitas a la autora mi enhorabuena.-
Carlos María Romero Sosa
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